lunes, 18 de junio de 2012

A primera vista, con latidos al galope

Bruno Gabriel L. García

Era ella todo un ser extraño, yo no lograba entender cómo unos ojos así habían pasado antes desapercibidos. Pues su mirada fija, cual antípoda a Medusa pero con los mismos efectos; había quedado petrificado. Las palabras no podían salir y sentía el cuerpo sumamente torpe. Como tratando de salir del pétreo éxtasis que ella en un instante me había sumido.
Saqué un cuadernillo (Por ese don de escribano que considero uno de mis únicos dones y que pongo a relucir a cada ataque que infunde el pecho sobre la mente), y empecé ese ritual frenético de marcar al papel con letrillas, oracioncillas y parrafillos mientras todo el cuerpo palpitaba en una especie de ceremonia temblorosa entre mis entretelas
El resultado era una simple notita, una hojilla con palabras escritas entre ideas voladizas atrapadas casi al azar e imaginación nacida de la exasperación de querer decir algo y no poner hacerlo, -tal vez esto último por timidez-. Notita escrita a pulso de una víctima de Parkinson.
No digo que no hubiera hecho algo parecido antes, sino que esta era la primera vez que atrevía a dar la hojita con toda la ecuanimidad que se pudiese y, por supuesto, huir luego a cuanto galope se pudiese con las piernas tembleques y el corazón a un pálpito de un triple paro coronario. Fue algo, entre extraño, loco y extraordinario.

* * * * * * *
Ahora… ahora no sé que ha de suceder.
Solo espero… nada más espero… algo suceda.

Luces en tiempos inciertos


Bruno Gabriel L. García

Eran tiempos inciertos,
de ermitañismo y búsqueda de algo.

Algo abstracto
una idea, tal vez,
un pensamiento… algo…

Sus ojos revoloteaban por el paisaje
una especie de vitrina invisible
me apartaba;
o eran sus ojos,
sus manos,
su dulce finura,
lo que me impedía hablar y arrasaba.

Ella miraba al infinito
y yo a su lado
sin poder hacer nada
ni poder articular palabra alguna.
Era como el ermitaño tratando de gritar después de siglos
decir algo… aunque sea un hola.

Un 'hola' que nunca llegaba;
'Hola' que se perdería en el infinito.

Yo lo sabía,
si no hacía nada.
si permitía que ese hola se pierda...
se perdería.
Sería un adiós tácito
una despedida a lo desconocido
algo ido y no más venido.

-Tienes que hacer algo-, me decía.
Es ahora o nunca, me decía.
O perderás sus ojos... me decía.

18 / VI / 2012 / 08:04am

miércoles, 23 de mayo de 2012

Gritos desesperados al cadáver caído



Bruno Gabriel L. García

Esa pantallita es mágica. Bastó un segundo para sentir el cadáver carcomido y pringado de un chispazo. Y darse cuenta de lo hecho.
Te arrepentías, y lo hacías con ahínco ¿Cómo diablos fue que le pudiste haber escrito eso?... Está bien, hay que pensarlo. Las cosas andaban de males y pensaste que su “hola” reviviría tu día… pero dejaste que cierta desesperación fluyera y un dolor creciera de la nada… -Te doliste de la nada… ¡Y ahora lo sientes tanto!-.

Soltaste la bala a ojos cerrados y con el gatillo sensible en aquel instante… Ahora… Ahora gritas al cadáver, le coges de los hombros y sientes la opresión de la culpa, de no poder volver a saber más de ella… el pecho grita sin eco ni escucha. Ella mira a otro lado, su partida es tu repuesta. Pues ¿Qué diantres esperabas, un lamento de ella, un perdón por favor?
Ella, ella se va y nunca regresará. Tu opresión crecerá y el corazón sentirá estrecho el lugar.

-¿Y es que no te diste cuenta?-
-¿De qué?-; -de que cruzaste la línea que habías prometido no volver a pisar-. Pues ella ya no es solo ese par de líneas tipeabas a lo lejos, ya no es esas imágenes disparadas de vez en cuando a través de tu pantalla… no… Es ella ahora una idea poderosa, ella ha cruzado sin quererlo esa delgada línea entre símbolo y lo que significa.
-¿Y por eso zarandeas su cuerpo ido?-. Si, para que vuelva, me he respondido, para que vuelva aunque no sea conmigo… una idea, si, una idea basta de ella, que sea una idea para respirar cierto alivio.

Pero hay algo aquí además que te dice: Porqué te haces esto hermano, no te tiene pero aún así ya te domina… -Es que… sus ojos… me han tomado, han seducido y controlado… y siento que debo recuperarla, de algún modo debo hacerlo…-.

-Pero si sabes que no le convienes…-
-¡Lo sé!- me grito y el eco suena en cada neurona y alveolo, en cada orillo del mesencéfalo, cada esquina del cuerpo… -pero siento que quiero necesitarla, o al menos saber luego lo contrario…-. Y por eso le pido regrese al cuerpo caído, a su existencia, a mi existencia, y me conceda una hora de vida conmigo y pasaré gustoso mil años de suplicio...

Y la miro a los ojos…
Te miro a los ojos y pido me des una hora, solo una hora… nada más pido…
Para saber que rayos es esto que escribo y que vale la pena este suplicio.

martes, 10 de abril de 2012

Tinto con soledad

Bruno Gabriel L. García

Son golpes que uno tiene
que ve venir
que advierte
y aún espera al vilo de la noche,
viendo el sol caer por la cordillera
mientras espera las palabras finales.

Estás solo.

Palabras salidas de la mente propia,
resoluciones de ante mano
que más suenan a epifanías
dragando lo sabido por nigromantes.

Estás solo.

Gritando entre latidos
viendo la penumbra
descorazonando ideas…
entre tinto y tinto.

Hay días en que la luna llena
no alcanza a hacer compañía.

10 / IV / 2012 / 10:31pm

miércoles, 25 de enero de 2012

Que tus perdigones estrellen mi cabeza

Bruno Gabriel L. García

Es un deseo casi carnal,
que mis sesos cubran la alfombra
y parte de la pared.

Que el corazón deje de latir
y se interrumpa el flujo sanguíneo.

Que mis ideas
queden desperdigadas
en el cuarto
entre axones y neuronas moribundas.

Que esta exasperación desaparezca
que se vaya
que deje de joder
pues la arritmia no deja respirar.

Que ese anhelo
de verte se vaya
que se diluya y desaparezca
que no discurra más por este cuerpo.

Que toda ésta entelequia deje de funcionar
que los perdigones que disparaste
funcionen a la perfección.

Que toda esta opresión
vaya a otro cuerpo...

Que el corazón late desquiciado
y quiero que jales del gatillo
y ceses esta capacidad mía
de exasperarse por tus ojos
y rozar al libido de tus aromas.
07 / IV / 2011 / 07:28pm

jueves, 27 de octubre de 2011

Auto confesión y combates

Bruno Gabriel L. García.

Tengo esta cosa en la mente que se está incrustando cada vez más. Esta cosa... no definible
Ya la había sentido antes, como una especie de exasperación, un acto de anhelo no forzado que inundaba todo de auto opresión personalizada por uno mismo para lograr esa combinación extraña entre sufrimiento y gozo. Un revoltijo total y poco aconsejable para quien espera de la vida algo ligero y seguro, o también, algo como solo para pasar el momento. Esta cosa en la mente, ubicada al lado derecho inferior del cerebro es solo para locos con tendencias suicidas; pues sabemos que fuera de esta cosa “descerebrante” no hay más frutos; pues la otra persona de quien nos produce a la distancia esto, puede que no lo sienta y te veas luego en un juego donde el perdedor, y puede también que estúpido, salga siendo uno mismo.

martes, 25 de octubre de 2011

Hay un algo que impide llegar a ella

Bruno Gabriel L. García

¿Sientes eso?
Pensé mientras miraba las calles pasar por la ventana del bus.

Había una imagen,
una silueta
que se iba formando de la nada
en la mente vacía y cansada...
            ¿eran acaso sus ojos?

lunes, 3 de octubre de 2011

La niña Luna y los eremitas de abajo

Bruno Gabriel L. García

La noche silba,
trae consigo un aroma de petunias y florestas.

Sus lucecillas
en el techo terreno tiritan,
parecieran que están gritando algo,

Son penas y soledades…
y sus nostalgias recubren la oscuridad.

lunes, 5 de septiembre de 2011

So hurt...


Bruno Gabriel L. García

I
La avenida desierta,
un cierto frio que laceraba rostros y huesos.

Una llovizna caía,
y picaba las mejillas…

Pero resistía;
la esperaba,
porque ella me lo había pedido
porque sentíame en un día especial.

domingo, 7 de agosto de 2011

Alter ego Vs. Alter ego

Bruno Gabriel L. García (Karlo)

Bien, comencemos con dos preguntas: ¿Quién soy yo? es difícil saberlo. En principio no sé exactamente quién soy yo; Soy Karlo, ¿Podría definirme en algo esto? o ¿Por lo menos darme un atisbo de lo que soy o puedo ser? Realmente no lo sé. Solo sé que soy Bruno Gabriel L. García, hijo de don y doña nadie y alter ego de Karlo, un personaje ficticio que juega a ser yo por momentos y por otros juega a ser un ser cuasi real definido en un tipo solitario… solitario casi por antonomasia o por naturaleza. Un ser con tendencias a ser un pobre y cursi romanticista que carece de muchos romances y que vive al filo de la humanidad tratando de descubrir que ha sido del tipo que vive en su mente y que lleva el nombre Bruno Gabriel.

lunes, 11 de julio de 2011

La Loca de la Casa Gris (Cuarta Parte).

Bruno Gabriel L. García

El verano empezaba su camino de partida y con ello las vacaciones. Para entonces la amistad de Malaquías era más que buena con esa la señorita Ruiz; señorita o mejor dicho: señora, que para los demás chicos resultaba ser el eufemismo de una mujer extraña… y que además estaba loca.
Una mujer con un pasado gris como su casa y que ningún adulto de la cuadra tocaba entre platicas, tal vez por desidia o quizá porque simplemente les fatigaba pensar en ello.

sábado, 9 de julio de 2011

La Loca de la Casa Gris (Tercera Parte). La señorita Ruiz

Bruno Gabriel L. García

En efecto al pasar por aquella cuadra fue visto por los chicos como si el fuese el héroe mitológico que logró domesticar a aquella criatura que todos creían que se comía a sus mascotas a penas ellos se descuidaban, aquella criatura satanizada por las mentes de párvulos con imaginaciones dantescas en ese pequeño mundo que era la cuadra, enclavada en un pequeño suburbio al oeste de la ciudad.

jueves, 7 de julio de 2011

La Loca de la Casa Gris (Segunda Parte). El Reto

Bruno Gabriel L. García

El reto constaba de lograr entrar a la casa gris y robar un trofeo que los niños-socios del susodicho club anhelaban tener de su demonio vestido de señora: Una gloriosa foto de la sala de la loca. Sin embargo, a pesar del estremecimiento que esto le causó en un inicio a Malaquías, no se acobardaría; por ende decide darle trote al mal paso. El método más seguro para él sería usar su grandilocuente labia de párvulo investigador, que tanto agradaba a los papis de la cuadra, de este modo darse un fugaz encuentro con la señora y así talvez lograse algún acercamiento con la susodicha criatura enloquecida por quien sabe qué. Así quizás ella al darle más confianza lo dejaría entrar a su casa para luego el pudiese hacerse del trofeo que sería el boleto de entrada al famoso Club de la Poza.

miércoles, 6 de julio de 2011

La Loca de la Casa Gris (Primera Parte)



Bruno Gabriel L. García

Para lograr entrar al 'Club de la Poza' debía de cumplir con una sola misión, encomendada por los más antiguos integrantes del susodicho club… los patriarcas, como así se hacían llamar. El reto de iniciación dependía de que tanto el iniciante simpatice a los triviales patriarcas del club. Lastimosamente para la suerte de Malaquías varios miembros del club habían optado por adquirir una aversión mayor a la usual hacia aquel infante desde ese infausto día en que decidió entrar al club; ya sea talvez por su cierta inocencia que cautivaba a las madres de familia de la cuadra o talvez a la intrepidez y valía que a su corta edad lograba que innumerables adultos y padres de familia solariegos a dicha cuadra lo viesen con buenos ojos y con un futuro prometedor… pues como decían usualmente entre ellos –ese muchacho es un ejemplo de hijo-.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Parecía un día nuevo

 Bruno Gabriel L. García

Hay una cierta paz en el ambiente, como si parte del mal hubiera sufrido un golpe casi brutal. Las calles, silentes, rebosan en una paz extraña, el sol brilla con un extraño fulgor. Los choferes y transeúntes no se ven caóticos ni estresados.
Lejos de aquí -Lima, Perú-, la triste zona cero, el tren madrileño, la sangría diaria de oriente o la mansión-fortaleza que como epifanías recurrentes que contó Maquiavelo acerca del fin del príncipe Lorenzo de Médicis, han iniciado festejos por la caída del terrorista.

lunes, 25 de abril de 2011

Historia de dos anónimos.

Hay días en que la nostalgia gana mas que todo sentimiento o deber, sobre todo si se trata de alguien que busca ser escritor… pues las letras suelen ganar tanto terreno en la mente como lo hace el recuerdo, y lo que se siente en ese instante.

Decir que el escritor y el que trata de ser uno lucha tanto consigo mismo… que a veces se va todo lo demás la tacho. Pero hoy, mis queridos lectores, me gano esa añoranza extraña y lei un rato algo de lo que antes había escrito. Decidí entonces al encotrar este cuento compartirlo con ustedes; sé que no es un buen cuento y que quizá tenga varias fallas, ya que es mi primer cuento. Escrito hace un buen tiempo atrás. Solo espero les guste, por lo menos en alguito.

Historia de dos Anónimos

 Bruno Gabriel L. García.
  
Acababa de regresar a su pueblo natal, un recóndito finito enclavado en un vallecito, donde se conjugaban las vidas de un puñado de seres anónimos. Él había desaparecido hacía casi 20 años, místicamente; como si fuera una extraña leyenda perdida en algunos relatos de antaño.

miércoles, 20 de abril de 2011

El ciclo de vida

Bruno Gabriel L. García

Son pocas las veces que uno piensa en la muerte, a menos que esta se vea en el horizonte. Sobre todo si se trata de un ser querido.

Te llega entonces ese menoscabo de arrojo que sobrecoge a la misma ánima en lo más profundo, como también ingresas en un estado de elucubramiento más profundo, más sopesado.

–La muerte nunca es buena, sobre todo, para los que la sobreviven-, me dijo un hombrecillo, allá en la sierra, mucho tiempo atrás… pareciera que tal epifanía era la razón misma de sus palabras aquella vez; una visión dirigida hacia mi persona esa tarde donde la lluvia serrana agolpaba en el piso esa humedad que al salir de regreso a los cielos emitía ese olor de ‘Ande’ que no logro muchas veces olvidar y que añoro cada vez que recuerdo o siento al agua de llovizna caer en mis hombros.

martes, 19 de abril de 2011

Ella me recordó que soy perro suicida

Bruno Gabriel L. García

Ella dijo
que odiaba a su corazón sin él
sin néctar, ni aliento.

Que la oquedad
en ella
le era infinito.

Yo…
yo no dije nada
como un zoquete vacio
como perro sin guato.

Solo le decía
-calma, va a pasar-
y sin más…
solo asentía.

No era su dolor de amores
sino mis ventrículos vacios
que, como hoyos negros,
dragaban lo que en tiempo
no tenía.

Gran ironía;
un desamorado
y una de corazón quebrado.
Bonita pareja de solitarios.

Mas, ella espera una llamada…

Yo,
no espero a nadie,
no espero nada,
ya nada.

Ella levantó su mano
paro el taxi
y volteo sonriendo pensativa: - somos locos romanticistas- dijo
y siguió su camino.

Yo seguí el mío;
mi ruta por calles silentes
caminando como perro sin guato
cruzando avenidas
como perro suicida.


31 / III / 2011 / 11:11pm

miércoles, 13 de abril de 2011

Era ella ese algo que faltaba


                       Bruno Gabriel L. García

Quizá era la avenida solitaria,
o los carros semi vacios
con choferes de ojos cansados
que al circular por cementados rumbos
te envenenan a la mirada.

O también el cielo enceguecido
por sus nubes noctívagas;
o sus lumbres solitarias
de postes y casas
que tristes se yerguen por la avenida.

o…
(y era lo más probable)
la angustia
de no haberla tenido a mi lado.

Puede que sea eso
que se haya dado cuenta
que es ella
-la de piel canela-
la que falta
la que le exaspera.

01/02/2011/09:04pm

martes, 22 de marzo de 2011

En sus cuerdas, como a un títere me juega


Bruno Gabriel L. García
  Me gusta mirar la figura femenina, no hablo en el sentido sexual del término, sino en la belleza que exaltan estos exóticos seres. Su sensualidad son un azar de imágenes gratas. Que no dejo de admirar cada vez que cruzo una calle.
No me mal entiendan, repudio en exceso esa latinada de ver sin desparpajo el culo y tetas, que suelen hacer los varones con síndrome de machos de undécima calaña. Yo prefiero admirar, aunque sea escuetamente un rostro bello, o mejor, la forma de cómo ellas caminan, la soltura, coquetería y sensualidad que explotan a cada paso. Como también la forma de cómo cae y mueven sus cabellos, la finitez de sus manos, el olor dulce con que inundan ambientes con su sola presencia, la gracilidad con que bajan una escalera, viéndote y haciéndolo tan sensualmente que solo basta con su beso en la mejilla al saludo o su simple voz en un -hola-, para amarlas por un par de vidas.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Encontrarnos juntos

Bruno Gabriel L. García



Si Helios y Selene
decidiesen unirse
no habría espacio,
ni tiempo,
que nos separe.

No habría días,
ni noches.

Viviríamos en uniforme homeostasis.

martes, 8 de marzo de 2011

Es ánade que cae





Bruno Gabriel L. García


Es el ánade abatida
es la sonrisa perdida del ave en picada
es los ojos andaluces mirando por última vez.

Quizá sea por la arritmia de la luna sanguinolenta
que retuercen los corazones dolidos
que atizan la llama apagada
o el olvido de querer olvidar.

Puede que sean ambos
Conjugados entre mármoles y pedregastía,
mullidos entre dulces y amargos,
aglutinados en miradas oprobias
de miríadas de seres cancerosos
que confabularon para derribar el ánade.

Muriente en picada
por balas perdidas
de cazadores furtivos
agazapados
en copas de árboles frondosos.

Cae el ánade
cierra sus ojos
olvida todo
como el recuerdo de la amada abatida
de una vida perdida
que sin querer halló en plena caída.


01/02/2010/12:58am