lunes, 25 de abril de 2011

Historia de dos anónimos.

Hay días en que la nostalgia gana mas que todo sentimiento o deber, sobre todo si se trata de alguien que busca ser escritor… pues las letras suelen ganar tanto terreno en la mente como lo hace el recuerdo, y lo que se siente en ese instante.

Decir que el escritor y el que trata de ser uno lucha tanto consigo mismo… que a veces se va todo lo demás la tacho. Pero hoy, mis queridos lectores, me gano esa añoranza extraña y lei un rato algo de lo que antes había escrito. Decidí entonces al encotrar este cuento compartirlo con ustedes; sé que no es un buen cuento y que quizá tenga varias fallas, ya que es mi primer cuento. Escrito hace un buen tiempo atrás. Solo espero les guste, por lo menos en alguito.

Historia de dos Anónimos

 Bruno Gabriel L. García.
  
Acababa de regresar a su pueblo natal, un recóndito finito enclavado en un vallecito, donde se conjugaban las vidas de un puñado de seres anónimos. Él había desaparecido hacía casi 20 años, místicamente; como si fuera una extraña leyenda perdida en algunos relatos de antaño.


Pero en ese día de su llegada, el empezaba a renacer en la mente de algunos como un recuerdo vahído que surge del humo y que se pierde en un talvez. Caminaba como perdido hacia su casa… su antigua casa, que aunque la encuentra en pie ya no logra hallar a los seres que ahí habitaban y que conocía profundamente. Al parecer todos fenecieron en esa guerra que lo obligó a desaparecer; y él solo lamenta no haber podido regresar antes y quizás haber hallado a uno de esos seres que llamaba tiernamente familia. Aún así el sigue caminando por esas callecitas de aquel pueblo esperando encontrar alguien conocido que aún lo tenga en la memoria; y es así que dentro de esa nueva masa de desconocidos reconoce a una mujer… esa mujer, la que un día fuera su prometida y que tuvo que dejar; o mas bien lo obligaron a dejar; por el bien de ella… por el bien de la vida de ella.

Por su lado, ella lo vio pasando ligero por esa callecita y lo reconoció al instante, pues hay seres que uno nunca olvida; y ese sentimiento que tenía como muerto ha renacido como si fuese un fénix resurgiendo entre las flamas sagradas de algún templo olímpico. Pero al unísono también recuerda a su ahora esposo y su familia… y un odio surge bruscamente y le gana la tirria, por haber desaparecido tantos años y haberle generado ese destino distante al de él; -pudo haberme llevado consigo- dijo en su fuero interno; y aunque no sabe la razón solo puede optar por aborrecerlo, por haberla abandonado… por haberle hecho eso. Pues a pesar de que su esposo es el alcalde del pueblo y ella es una de las mujeres mas envidiadas en el lugar, siente que hubiera sido más feliz en alguna barraca al lado de él… y esta consiente de ello y por eso sufre; puesto que han pasado varios años y aún lo ama con devoción.

Los días pasan y en el pueblo el rumor corre: “El ex prometido de la mujer del alcalde ha regresado”; y aunque ellos dos aún no se han dirigido palabra alguna, el pueblo solo se mantiene expectante a cuando suceda. El alcalde por su parte no halla gracia alguna en la aparición de este individuo y se ha jurado sacarlo del pueblo a la brevedad. Pero aún así pasan casi dos meses y nada ha ocurrido.

Por ello el ha preferido vivir en las periferias del pueblo, dedicándose a la tierra y a respirar recuerdos; unos buenos, como los que tenía con ella a su lado; y otros malos, como los que atañen a su mística desaparición. Ella por su parte ya no respira, solo logra inhalar oxigeno y pensar en visitarlo y recordar… simplemente recordar; y despejar algunas ideas criogenizadas en el tiempo y en su mente.

Ya ha pasado un par de años en el pueblo y la vida le acaba de segar a ella el esposo, es entonces que decide que pasado un tiempo conveniente, para evitar las malas lenguas, irá a hablar con ese personaje que ella sigue abrazando en sus sueños y que a la vez le perturba, pues le sabe en ocasiones que engaña a ese hombre que fue en vida su esposo.

Le suceden entonces un año y 93 días; y ella va a buscar a ese ermitaño que un día fue su amante perdido y razón de subsistir esas terribles batallas que tenían en jaque a toda la zona. El día esperado por ella que ha llegado le indica que debe caminar por el pueblecito; pues ya nadie tiene interés en la vida de esa aquella señora; si hasta sus hijos han viajado a la gran ciudad y nunca regresaron y nunca lo harán hasta que ella también apague su luminiscencia. Ella por su parte solo tiene interés en verlo una vez más, al llegar a la casita donde el reside ya hace cuantiosos años desde su llegada siente que su corazón la delatará y no podrá más aguantar.

Al llegar, el abre la puertita y la hace pasar; y la besa con sumo cariño antes de que ella emita un solo sonido solo atinando a pedirle una simple cosa: quédate esta última noche conmigo mi amor…

Y sin entender el mensaje ella solo atinó a abrazarlo; esa noche llovió intensamente y solo estuvieron abrazados en la penumbra, mirándose a los ojos, hasta que ella quedo dormida. Al día siguiente ella se levanto y vio una cabaña derruida, con cachivaches olvidados por los años, quizá desde los tiempos de esa guerra que los separó, pero el no está en ningún lado… ha desaparecido tan misteriosamente como antaño.

Ella sale a buscarlo por los linderos y no lo halla, mas lo único que logra ver son unas huellas que se inician en la puerta de la casita donde pasó la noche y que se pierden a unos metros del lugar; en ese preciso instante ella lo entiende todo… se sienta al lado de la puerta mirando fijamente ese lugar vacío en el que perdió en una fecha a ese ser amado y sonríe… solo sonríe, pues ahora respira en paz, sabiendo que él la esperó tantos años solo para despedirse… por ultima vez…

1 comentario:

  1. me gusto. me hizo recordar el realismo magico de garcia marquez. felicidades y saludos.
    p.d: te invito a visitar mi blog

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