jueves, 13 de enero de 2011

Tomás, Yaneth… y ella


Bruno Gabriel L. García

-Hey, mira, es ella- gritó en un chillido corto, susurrante y casi insonoro al oído de Karlo. –Lo sé, ¿qué le digo?-; apoyar a lo lejos a su mejor amigo era muchas veces la responsabilidad de Tomás, su amigo incondicional. Juntos habían pasado una serie de aventurillas que los acercaban cada vez más a esa calzada de secretos que los buenos amigos se cuentan, analizan y aconsejan cuando el alcohol sube desde los torrentes sanguíneos hasta la última neurona… o bien cuando han logrado una cierta afinidad amical que se sella con unas palmas de manos cuando saludan o despiden.


-Solo ve y salúdala-
-¡Ahhh…! no puedo… no sé que decirle-
-pucha, no sé… mira, anda rápido y no sé dile que llevas un curso con ella y que si te puede prestar un cuaderno para unas copias de alguna clase que faltaste… ¡mira!, ¡caramba! que se esta yendo-. No podía con su genio de amigo paternalista, era el presionador de los pasos de Karlo. Se conocieron, ambos, en un test psicológico; ambos vivían cerca el uno del otro. Karlo se dio cuenta de ello cuando lo conoció… -este huevas, vive cerca, fácil lo veo seguido- dijo entre dientes esa tarde, casi noche. Pero debería de pasar un año y medio para que su amistad, compadrezca se hiciera, esa tarde, casi noche después del test psicológico. Karlo tuvo una cita con una chica de su antigua universidad. Esa chica no era su destino.

Son a veces los años que ayudan a reconocer amigo, de compañeros y patas cursantes por nuestras vidas. Son a veces esos detalles de “brother”; un hermano putativo creado subrepticiamente en un salón de clases u otro lar el que ayuda a progresar, y, sin percatarse uno se vuelve el hermano que a veces esa carencia en la ecuación de soporte vital de todo hijo unigénito. Una especie de amigos-hermanos que Karlo nunca tuvo.

-¡Ya! Que esperas-, Karlo sintió de repente ese empujón en la espalda que lo obligó a dar un par de pasos precipitados hacia Yaneth; -hola, disculpa- dijo recomponiéndose del empellón, -llevo un par de cursos con ustedes… y la clase pasada no pude entrar… ¿Me podrías prestar tu cuaderno de notas un rato?-; ¿piensas sacarle copias?, respondió rápido la chica que iba al lado de Yaneth.
-Hola, tu debes ser Karlo… ¿no?-, Preguntó la amiga, -si, del 501… como ustedes…-respondió…
-Hola, ella es Yaneth, yo me llamo Sofía-

1 comentario:

  1. por SAGA.
    Me gusta cuando en una narracion, cuento, cualquier ambrollo literario se usa palabras rebuscadas, le dan ciertO "aire" de descencia, Una mescla de frases de Sofocleto, GABO, (el monologo de "el Otoño del Patriarca"), etc, por ejm, son mundos dispares, pero armonizan con una lectura agil, cautivante y secuestradora.

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